Jeff Wall

    Atributos

    • Hombre
    • Fotoconceptualismo

    Acerca del artista

    Vive y trabaja en Vancouver
    1946: Nacido en Vancouver

    Con su trabajo se ha convertido en uno de los fotógrafos contemporáneos más influyentes, con una obra en la que no deja de lado ningún tema social: la pobreza, las madres solteras de pocos recursos, el vandalismo, el racismo, la decadencia de los nativos canadienses, y muchos otros. Para ello, Wall recurre a unas composiciones que parecen sacadas directamente de la realidad, pero que están pensadas minuciosamente antes de iniciar las sesiones, en las que utiliza modelos profesionales, para conseguir unas imágenes que luego serán tratadas digitalmente y colocadas en una caja metálica e iluminadas desde atrás, lo que da a sus obras un aura realmente especial, y que pasa a convertirse en un elemento más de la fotografía.
    Muchas de las composiciones que podemos ver en la obra de Jeff Wall, están inspiradas en obras de arte clásicas, fundamentalmente de artistas como Manet, Delacroix, Cezanne o el japonés Hokusai. El fotógrafo no se limita a recrear esas obras de arte ya clásicas, sino que las distorsiona hasta el punto de que, en ocasiones, es muy complicado encontrar el punto de referencia inicial.
    El realismo que encontramos en las fotografías de este canadiense, ha sido definido por él mismo como “casi documental”, ya que nos ofrece una recreación de un momento que muy bien pudo ser visto en vivo por el propio autor, pero que recrea para dar origen a algo que se acerca mucho a la realidad primigenia, pero que ahora se ha convertido en una recreación, como si estuviéramos delante de un escenario cinematográfico que nos intenta trasladar a un determinado ambiente o momento histórico. Así, cada una de sus fotografías se convierten en un objeto único.
    Wall llena sus escenarios, bien sean urbanos o de interiores, de pequeños detalles, esos que nos obligan a acercarnos a mirar la fotografía de cerca para poder apreciarlos, para luego volver a alejarnos para comprender la composición completa, en las que introduce personajes que a veces se nos presentan como monumentales, añadidos a unos interiores en los que apenas si caben, mientras que en otras ocasiones se nos aparecen en toda su frágil humanidad, caídos debajo del mobiliario, aprisionados en un interior plagado de bombillas, bajando por escaleras decrépitas o en celebraciones que tienen algo de inquietante.
    Desolación, es lo que encontramos en muchas de las composiciones de Wall, la derrota de los hombres y de las mujeres contemporáneas, incapaces de cruzarse por la calle con alguien de un grupo étnico diferente sin torcer el gesto en una mueca de desagrado. Una humanidad de suburbio que acaba formando parte de lo que podríamos llamar la “ciudad oculta”, esas otras realidades que conviven con la nuestra pero a las que rara vez prestamos atención.

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