Joan Gispert

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    Acerca del artista

    MI ARTE

    La pintura ha de ser un medio de expresión, en la que la creatividad y la poesía deben tener un lugar fundamental; la técnica, la forma, la expresión y el concepto son las herramientas para comunicar el arte. Este arte viene expresado por el pensamiento que es poesía hecha forma; ésta forma ha de ser lírica.

    Baso mi trabajo en una mirada cosmológica del universo y de la creación del mundo, en el que la forma se vuelve creativa como el demiurgo que trabaja sobre la arcilla, en un simbolismo embriológico, en el que el cosmos toma forma de la materia primera, embrionaria, por ser informe, caótica, también como gesto ejemplar de fuerza, de sobreabundancia y de creatividad. La forma viene conformada por el espíritu. Es al mismo tiempo una visión del ser humano en busca del arquetipo (primer tipo). Este arquetipo viene representado por el “signo” que se convierte esencialmente en símbolo. Las formas o designaciones esenciales de las cosas están contenidas en el espíritu como arquetipo. El rojo simboliza a Adan Kadmón, el hombre primigenio y las diferentes edades de la humanidad que se han perdido en el límite de los tiempos, la edad de oro, de hierro, bronce, cobre. El color contribuye al mensaje simbólico de la obra.

    Compositivamente utilizo una estructura central referida al círculo y a la espiral, potenciando el centro en una contracción y expansión en la que el signo tiene una relación de espacio-tiempo. La naturaleza de éstos signos es una fuerza unitaria cuya verdadera esencia se reconoce al observar su ritmo universal.

    “Para el pensamiento simbólico, el mundo no sólo está “vivo”, sino también abierto; un objeto no es nunca tal objeto y nada más (como sucede con el conocimiento moderno), sino que es también signo o receptáculo de algo más, de una realidad que trasciende al plano del ser de aquel objeto, es aquí cuando introducimos la idea del mundo visto metafórica y poéticamente como imagen del corazón; el corazón de la naturaleza, el corazón del mundo, el corazón del hombre; en la respuesta estética del corazón, la acción de sentir el mundo y la acción de imaginar no están separados. Es una reafirmación contra los conceptos que han propiciado la muerte del alma del mundo, porque dividen la actividad natural del corazón en percepción de hechos, e intuición de fantasías, por otra, dejándonos una serie de imágenes sin cuerpo y de cuerpo sin imágenes: una imaginación inmaterial subjetiva escindida en un amplio mundo de hechos objetivos muertos.
    Un mundo sin alma no ofrece intimidad, cada objeto por definición, es desechado antes incluso de concluir su fabricación: es basura; son desperdicios desprovistos de vida.”(1)

    (1)Texto extraido del libro de James Hillman. “El pensamiento del corazón.” Ed. Siruela.

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