Rebeca Plana

    Atributos

    • Mujer
    • Collage
    • Dibujante
    • Expresionista Abstracto
    • Graffiti
    • Mixed media
    • Pintor
    • Street art

    Contacto

    Acerca del artista

    La trayectoria de Rebeca Plana (Albalat de la Ribera Valencia, 1976) no carece de vínculos con este desarrollo: entronca lejanamente con las primeras propuestas europeas y más de cerca con el expresionismo abstracto americano así como con la idea, señalada por Harold Rosenberg, de la pintura como lugar para un acontecimiento. Su búsqueda de una espontaneidad subconsciente es el punto de partida que nos permite catalogar su trabajo dentro de esta genealogía. Pero es necesario señalar que, a través de estos cauces del automatismo, Rebeca Plana ha logrado esquivar la mera reiteración de códigos anteriores y mantener una gestualidad propia que actúa como emblema del instante irrepetible del acto creativo.
    Consciente de que el arte actual ha abandonado las direcciones únicas y fuertes de la modernidad para ganar en complejidad y movilidad, la obra de Rebeca Plana se desdobla y desborda en múltiples tensiones: saturación del color, manchas fuertes, composiciones descentralizadas y constantes interferencias entre los sucesivos planos pictóricos. Su trabajo parece destinado a abofetear la pasividad de la mirada, o mejor dicho, esa percepción distraída que corresponde a nuestro tiempo de opulencia y digitalización visual. El arma utilizada son sus propios impulsos entendidos como acontecimientos primordiales activados a través del gesto pictórico. La profunda honestidad de la propuesta de Rebeca Plana radica en esta inmediata transcripción de una intensidad emocional descarnada; pero la artista no pretende ingenuamente congelar un contradictorio presente sino revelar la palabra indecible que modula su propia experiencia vital. De hecho, como ha señalado Fernando Castro Flórez, la pintura de Rebeca Plana tiene una importante dimensión confesional que se afirma en un despliegue subjetivo desde donde proyecta una deconstrucción de su propia intimidad.
    La fragilidad de esta cartografía, configurada a través de una batalla entre los estatutos de la práctica pictórica y la conciencia de la mutabilidad de las emociones, genera un territorio desestabilizado e inquietante. Las distintas categorías (orden, azar, gesto, determinación, impulso, libertad) se violentan mutuamente, vetando toda noción de clausura. Espacios de tensiones, las pinturas de Rebeca Plana inscriben el sentido de la abstracción en una zona que no es, ni mucho menos, la del regocijo lírico o la torsión ornamental. Su discurso se enfrenta a encrucijadas mucho más complejas que subrayan la responsabilidad de encontrar una estética de hallazgos personales, recóndita en su significado último pero abierta a la seducción sensorial del espectador.
    A lo largo de su trayectoria, Rebeca Plana ha reflexionado también sobre la posibilidad de extender los límites de la pintura; ahora bien, frente a la estrategia híbrida que se camufla en la contaminación y distorsiona la especificidad del medio para dar cuenta de su propia extinción, la artista plantea una afirmación de la pintura que re-conceptualiza semánticamente el objeto cotidiano que sirve como soporte. De este modo, colchones, puertas, toallas o cualquier otro material de uso y deshecho, es habilitado para contener una nueva memoria, agresiva e intensa, en la que late el sentido del secreto y la reticencia ante cualquier significado pleno. Se trata, al fin y al cabo, de un estrato más del alejamiento de Rebeca Plana de cualquier narración interesada o habilitada por las modas a favor de una sabia construcción plástica de su conciencia simbólica.