• 10 DIC a 20 DIC
    Exposición en Solitario
    Zoología fantástica

    Categoría

    • Exposición en Solitario
    • Contemporaneo

    Fechas y horarios

    10 DIC a 20 DIC 2015

    Lugar del evento

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    C/Amparo, 91
    Madrid
    España

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    Información

    Es posible descubrir la imagen de un caballo, que tal vez sea un perro o, quizás, un toro con aspecto de dragón, surgiendo en la plenitud de los trazos que moldean a las criaturas de Emilio. Animales inventados con libertad absoluta. Desconcertando a la visión sumergida por el rumbo interminable del laberinto fantástico en el que viven tatuados con sus pieles y colores. Con brazos que podrían ser tentáculos. Engendrando cabecitas diminutas de monstruos que son temibles por su discreción secreta cuando sorprenden al ojo del que parecen burlarse. Armados con la coraza de sus colmillos feroces, que quizás desaparecen cuando dejamos de verlos, esconden su dentadura y es posible que sonrían cuando están de nuevo a solas. Como las flores que adornan el prado en el que pasta una vaca con el lomo de un erizo -¿o acaso es un erizo que se parece a una vaca?-: flores de tallos delgados, que hacen guiños semejantes a los que haría un cíclope, sobresaliendo en sus pétalos los dientes inverosímiles que acaso tenga algún día una astromelia inocente, mutando por conveniencia para resistir el clima. En un mundo matizado por el contraste asombroso de sus colores intensos. Como figuras de un sueño. De una especie en la que están, como hermanitos de sangre, los alebrijes que corretean por México y que también nos descubren la zoología fantástica de una invención donde el límite es rechazar cualquier límite. Retando cualquier lógica. Aún mejor, inventándose otra lógica. La lógica que hace posible recordar al Minotauro, al Unicornio, a la Hidra, a la Mantícora o al Basilisco. Cuando cada generación revela sus temores o virtudes a través de sus criaturas fantásticas. “Hubo una época”, dice la Tortuga Artificial, que suspira inconsolable en un pasaje de Alicia en el país de las maravillas, impacientando a la niña por su extrema lentitud para hablar, “en la que yo fui una auténtica tortuga”. El Grifo, que conduce a Alicia hacia la roca donde la Tortuga llora, sabe que ella lo imagina todo y no le ha ocurrido ninguna desgracia. En realidad –o en la realidad de la fantasía–, aunque lo imagine todo, nosotros, como Alicia, también imaginamos todo cuando leemos la historia. ¿Qué importa si la Tortuga Artificial fue una tortuga auténtica? Nos interesa el momento en el que se transformó. Y sabemos cómo pudo ser el antes pero, sobre todo, el después de su metamorfosis porque conocemos la norma y nos gusta la excepción. Así sucede con la zoología fantástica de Emilio. Como la máscara que disfraza el rostro y nos sugiere a través de su apariencia, burlesca o distorsionada, los rasgos de un ser humano, Emilio puede trazar la imagen de un toro, que también es un caballo, un dragón o un perro: sabemos cuál es su apariencia y la invención nos sorprende cuando transforma la norma y nos ofrece la imagen de la excepción más insólita.

    Hugo Chaparro Valderrama Laboratorios Frankenstein ©

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