Primera parte I de nuestra extensa conversación con el crítico de arte y comisario, David G. Torres, en la sede de A*Desk en Barcelona.

Conversación con un crítico de arte, parte I: David G. Torres
Barcelona - APR 05, 2013

ArtDiscover visita la redacción y sede de A*Desk para hablar con su co-director, crítico y comisario de arte, David G. Torres. Con humor y mucha honestidad, David nos habla sobre A*Desk y lo que representa, sobre el pensamiento crítico y  de las influencias que se perciben en su trabajo.

Empecemos por A*Desk. Os definís como un instituto de crítica, de pensamiento crítico.

Nos definimos como un instituto independiente de crítica y arte contemporáneo. Nos llevó mucho trabajo encontrar la definición de que éramos. Es un trabajo que hicimos hace 3 o 4 años porque A*Desk había empezado como una simple revista online y poco a poco nos hemos ido multiplicando. Ahora no solo es una revista, sino que además, desarrollamos proyectos y  tenemos un programa de formación muy importante.

En realidad, las tres partes forman una estructura de vasos comunicantes. Los proyectos formativos o la formación hacen referencia a la creencia en las nuevas voces y en que la revista sea un lugar que permita la configuración de nuevos autores.

Por lo que dices, la revista destaca como la plataforma central de A*Desk ¿Cuál es su propósito principal?

La revista de A*Desk pretende ser un lugar que piensa en nuevas formas de presentación, de comunicación y de trabajo sobre arte y cultura contemporánea. También, se convierte en un lugar de presentación de nuevos modelos y de nuevas maneras de hacer. Ahí intervienen los proyectos. Estos se retroalimentan a través de la formación, por eso digo que forman una especie de red de vasos comunicantes.

Pero hace 3 años, cuando empezamos a pensar de una manera mucho más seria en que éramos y que hacíamos, no podíamos decir que simplemente éramos una revista, sino que éramos más cosas. Entonces estaba muy en boga el uso de palabras como 'plataforma'. Mucha gente decía que A*Desk era una plataforma y nosotros mismos decíamos que éramos una plataforma. Pero, la palabra plataforma nos parecía una palabra totalmente carente de significado. Es decir, una plataforma es un lugar desde el que uno salta o en el que uno se eleva. Además es una palabra que procede de la documenta de 11, sino me equivoco.

Por esta razón, empezamos a pensar cuál era la palabra que podía definirnos. Para eso buscamos en lugares que nos gustaban y con los que nos identificábamos. Pensábamos que una gran referencia para nosotros podía ser el Instituto Courtauld de Anthony Blume, un instituto que procedia directamente de la historia y de la crítica de arte, en el cual se forma a críticos e historiadores del arte, en la cual desarrollan proyectos y en el cual también hacen publicaciones. Otros lugares que nos llamaban la atención y que formaban parte de esta cosa  idealizada son el ICA en Londres, que se dedica a estas tres cosas, el Art Institut of Chicago, que se dedica a estas tres cosas, el MIT que también se dedica a estas tres cosas. Estas grandes imágenes afirman que sí, efectivamente, al llamarnos instituto nos vinculamos a la idea de que un instituto es un lugar que trabaja tanto en formación, como en publicación, como en proyectos. Y que además, cuenta con una parte muy importante que tiene que ver con la investigación artística y con la investigación en general, en este caso con la investigación en cultura. Por eso escogimos la palabra instituto. El problema es que la palabra ‘instituto’ en castellano nos remite demasiado a la idea del instituto de bachillerato, pero creemos que finalmente es la palabra que mejor puede definir que es A*Desk. Que es un instituto que se dedica a la investigación en cultura, a través de 3 patas.

Independiente es también palabra muy importante, que además casi forma un oxímoron con instituto, porque instituto remite a institución e independiente remite a aquello que está al margen de la institución. Pero sí que califica que este instituto no es dependiente de ninguna institución pública, es decir, no somos como el MACBA que hace el PEI ni una pata de una institución pública. Evidente contamos con subvenciones públicas, pero no dependemos de ninguna institución pública. Por lo tanto somos una institución independiente.

Luego era muy importante también la contraposición entre crítica y arte contemporáneo. No somos un instituto de crítica de arte contemporáneo, sino que trabaja sobre la crítica y el arte contemporáneo. Se trata de aplicar el pensamiento crítico en el arte contemporáneo.

Últimamente además, creo que ya estamos en visos de que esta calificación de "arte contemporáneo" necesite una revisión. Deberíamos de cambiarla y convertirnos en un instituto independiente de crítica y cultura contemporánea

Conversación con un crítico de arte, parte I: David G. Torres
A*Desk en Barcelona

¿Por qué cultura contemporánea?

Porque los contenidos que estamos trabajando, sobre todo desde la revista, que es lo que nos da identidad y la parte que más difusión obtiene, a pesar de ser la parte más deficitaria, cada día somos más transversales y atendemos a más temas que no tienen que ver estrictamente con el arte. Desde hace bastante tiempo era un interés que teníamos, que ahora se está dando con la nueva formulación de la revista. Queremos orientarnos como una revista diaria, casi como un periódico de cultura. Una cosa que nos interesaba mucho desde el principio era que si en las revistas de música salen criticas de exposiciones desde el punto de vista de la música, nosotros también podíamos hacerlo. La mirada del arte contemporáneo es una mirada específica, la mirada de la crítica de arte contemporáneo también es una mirada específica que se puede aplicar al cine, al teatro, a la literatura, etc. 

Y finalmente lo que estamos viendo es que los contenidos, y esto lo hemos discutido en la redacción que tú lo has visto, cada día tienden más a aquello que sería una revista critica de tendencias culturales. Yo creo que hay estamos encontrando una especificidad. Hay muchas revistas de arte contemporáneo, muchas revistas dedicadas a tendencias, trendy y muy hipster. Nosotros, aunque siendo una revista de tendencias culturales, no perdemos la dimensión crítica sobre esas tendencias culturales. Es decir, frente a Esquire o frente a otras revistas, nuestra especificidad es que si bien tratamos muchos fenómenos culturales y muchos fenómenos que tiene que ver con las tendencias, lo tratamos desde una perspectiva crítica, desde una perspectiva de crítica cultural.

 

Cómo bien dices, ahora estáis enfocados desde el arte contemporáneo, ¿crees que esta postura también define tu trabajo como crítico?

Sí, porque mi formación viene de historia del arte pero no solo esta vinculada a la crítica de arte, también esta ligada a la filosofía y a la antropología. De hecho, el doctorado que hice era de cultura contemporánea, desarrollado entre la facultad de historia del arte, el departamento de literatura comparada y el departamento de estética de filosofía. Un doctorado que duro 2 años, pero que subrayaba esa cuestión de la cultura contemporánea. Y si bien al principio de mi carrera, o del trabajo que he desarrollado, estaba muy enfocado hacia la crítica del arte, muy concentrado en el arte contemporáneo, cada vez he ido sumando más voces que provenían de otros sitios y he sido más capaz de establecer los vínculos de intereses diversos. En mi caso, además, vienen muy determinados por un momento, que es muy ingenuo pero que existe como un momento, en que descubro que una serie de interés que tenía en cajones diferentes realmente están en el mismo cajón. Esos intereses son: el interés por algunas actitudes que provenían del punk, que se remontan al situacionismo y que tienen que ver con el dadaísmo y con determinadas actitudes que se dan en música y en literatura, además otras actitudes paralelas que también se dan en el arte contemporáneo. Hay un momento en que veo, e insisto en que es muy ingenuo, mucha gente lo ve antes que yo, veo el vínculo que hay entre Raymond Pettibon y Sonic youth, y eso me lleva a establecer el vínculo entre Sonic Youth y Jaime Reid, y los Sex Pistols y Guy Debord y Tristan Tzara y Marcel Duchamp. Eso me llevó a crear un mapa que es mucho más amplio, que tiene que ver con una perspectiva cultural y no con una perspectiva de clasificaciones por lenguajes. De hecho, una de mis preocupaciones, siempre que había escrito exclusivamente sobre el arte contemporáneo, es que desechaba cualquier tipo de clasificación dentro del arte contemporáneo. Es decir, alguna vez me han preguntado, ¿tú no eres una persona muy interesada por los nuevos medios, no? Y yo decía que a mí los nuevos medios, no me interesaban, al igual qye no me interesa nada la pintura o como no me interesa nada cualquier cosa que se inscriba dentro de un lenguaje. Me interesan las producciones artísticas, las producciones culturales y  lo que se dice a través de las producciones artísticas y las producciones culturales.

Más allá de eso, me interesan aquellas personas que tienen algo que decir y lo dicen. Los medios por los que lo dicen es lo que menos me importa. También creo que es una manera de aclararnos. Así como hay una asociación de críticos de arte, a la que pertenezco. Yo creo que es una asociación que tiene que cumplir una serie de funciones, o que para mí me es útil mientras cumpla una serie de funciones corporativas, casi de defensa sindical. Pero digamos que mis compañeros de viaje no siempre están en la asociación de críticos de arte.

 

¿Dónde estarían entonces?

Mis compañeros de viaje son aquellos que elaboran un pensamiento crítico que es afín al que yo elaboro. Ese pensamiento crítico a lo mejor se encuentra más fácilmente, más que en otros colegas críticos, a lo mejor lo encuentro en un artista como Ignasi Aballí o como Antonio Ortega. Más allá de los cajones en los que acostumbramos a colocar a las producciones culturales, yo creo que intento trabajar sobre una lista de afinidades. Entonces sobre esas afinidades, mis compañeros de viaje a veces son críticos, como es el caso de Montse Badia, co-directora de A*Desk. Pero a veces es un diseñador como Àlex Gifreu o a veces es un artista como Rafael Bianchi o Tere Recasens. Otras veces son gente que no conozco, como puede ser Enrique Vila-Matas. Creo que ahí es donde sí que se elabora un pensamiento crítico en el cual hay una comunión de ideas más allá del régimen económico que ocupes. Lo que menos me preocupa es ese régimen económico que dice que un escritor publica libros por un editor y que se ponen en un estantería que pone ficción, un artista hace una serie de cosas que vende un galerista y un crítico de arte hace un serie cosas que publica una revista porque le paga esa revista. Lo que más me interesa es el régimen discursivo que hay detrás de ellos. 

Conversación con un crítico de arte, parte I: David G. Torres
"No más mentiras. Sobre algunos relatos de verdad en arte (y en literatura, cine y teatro)

Se trata de mantener el pensamiento crítico, el ejercicio crítico, vengas de donde vengas, ¿no? Un poco como lo que dice la definición de A*Desk "el pensamiento crítico nos hará libres", parafraseando un poco.

Bueno, en A*Desk, cuando hicimos esta operación de ponernos un calificativo, una de las cosas que empezamos a elaborar eran un conjunto creencias, como por ejemplo pensar en públicos. Intentamos hacer el retrato del lector ideal. Esto es algo que proviene del marketing y del branding, pero que de alguna manera intentamos darle un giro situacionista, apropiárnosla para trabajar en base a ello el contenido. Nos gusta imaginarnos cuál puede ser un lector ideal. No porque hagamos un producto exclusivamente para ese lector ideal, sino porque hay una especie de feedback, en que lo que a él le interesa, nos interesa a nosotros. También buscabamos un credo. Más allá de trabajar en arte, más allá de creer en una cultura crítica, preguntar ¿por qué crees en todo esto? Y la respuesta era la capacidad transformadora de individuos Al final se trataba un ejercicio casi de ir al psicoanalista y llegar al extremo, al punto mínimo, para responder a esta pregunta. Y uno de los puntos mínimos era ese, creer en el potencial transformador de los individuos.

Un discurso muy popular es la institución que cuestione su papel. Este posicionamiento, digamos, crítico de las instituciones que se cuestionan a sí mismas.

Sí, esto lo explicaba Tirdad Zolghadr en el workshop, decía que la manera conservadora de ser una institución era poner en cuestión a la institución. Es decir, que el discurso hegemónico de las instituciones ha sido la puesta en discusión del discurso hegemónico de las instituciones. Lo cual puede parecer una contradicción pero es cierto. Lo primero que se ponen a hacer los museos es cuestionar su identidad como museo. Yo creo que lo que pasa en las instituciones, es que estamos en un momento de auténtica transformación de la producción cultural en el cual las instituciones, probablemente por la crisis, que no solamente es una crisis económica, sino una crisis sistémica, y que es más bien a un cambio de modelo, que afecta y que afectara profundamente a las producciones culturales. Las instituciones museísticas están sobredimensionadas y están viviendo en un momento falto de realidad, en el que el suelo se hunde bajo sus pies. Creo que estructuras como la nuestra y estructuras más auto gestionadas, más libres, menos en anquilosadas y menos mastodónticas, estamos siendo los auténticos productores de cultura en este momento y de una manera muy, muy sostenible y con un nivel de eficacia muchas veces más o tan grande como la de un museo, más allá de su capacidad de turistización, que es básicamente de lo que se ocupa. 

Conversación con un crítico de arte, parte I: David G. Torres
A*Desk en Barcelona

En medio de este panorama cambiante, ¿cuál es el papel y el lugar de la crítica? Parece inevitable el constante debate que intenta definir el papel del crítico.

El problema es que, volviendo a lo de antes, yo creo que hay tantos críticos como artistas y tanto críticos como actitudes y tantas críticas como actitudes. Es muy diferente escribir para El Cultural de El Mundo, que es un medio en el que yo escribo, que evidentemente demanda un tipo de información. Yo creo que es el mejor suplemento cultural que se edita en España, pero evidentemente es un formato muy tradicional, en el cual se habla de exposiciones, se dice si están bien o están mal, se describen, es decir, es la crítica en el sentido más tradicional. Pero yo creo que si tenemos que hacer algún tipo de ejercicio hoy en día pasa no por replantear los papeles sino ponerlos en marcha. Poner en marcha actitudes y los lugares de legitimización de los discursos. Creo que esto es una de las claves de la producción cultural contemporánea, que tiene que ver con los modelos de distribución.

Llevo días parafraseando a Marx cuando evalua el capitalismo diciendo que la cuestión estaba en que los trabajadores no eran amos de los medios de producción. Yo creo que hoy en día en las prácticas culturales el problema es que los creadores no somos dueños de los medios de distribución a pesar de que por primera vez tenemos la capacidad de serlo porque internet nos ofrece la posibilidad. Además, la autoedición, la autogestión, los múltiples y la base conceptual del trabajo que elimina la idea de la copia única, nos abren un mundo en el cual podemos ser amos de los medios de distribución. Otra cosa es donde encontremos el dinero para gestionarlo. Y una vez seamos dueños de los medios de distribución, la cuestión entonces es cuales son los lugares del legitimización.

En ese sentido, A*Desk creo que cumple un papel muy institucional en la medida en que se ha convertido en un lugar de legitimización de algunas firmas. Es decir, no es lo mismo que algunos de nuestros autores abran un blog y escriban desnudos frente al mundo, que vengan autentificados como por una estructura como es A*Desk. En ese sentido creo que somos muy institucionales, o asumimos una cuestión muy institucional. Yo creo que es ahí donde está la batalla y donde está la crítica también. Pienso que hay mucha preocupación sobre el futuro del arte y yo no creo que sea demasiado importante. No creo que sea muy importante si el arte contemporáneo sobrevive o no sobrevive, si los museos sobreviven o no sobreviven, o si todo el tinglado se hunde o no se hunde. No creo que sea demasiado importante. Yo creo que es importante que la gente, e insisto en lo de antes, que tiene cosas que decir, encuentre la manera de decir esas cosas. Si es formato artista, si es en formato bloguero o en formato antisistema, es lo que menos importa.

El otro día, no me acuerdo a quien entrevistaban, que le preguntaban cuáles eran los momentos más interesantes del arte y yo estaba bastante de acuerdo con su respuesta, porque la producción artística que se produce entre la transición entre el renacimiento y el barroco es inigualable. También, es inigualable la que se produce desde el año 10 del siglo XX hasta el año 50, o si quieres, alargándolo, hasta los años 70. Estas fueron momentos de una producción artística incomparable. Hay momentos de clímax y hay momentos en que determinadas manifestaciones y formas creativas tiene sus puntos clímax. Probablemente, hoy en día el arte como lo entendemos no sea el lugar que este ofreciendo las producciones culturales más interesantes. Probablemente haya que buscarlas en otro sitio, no me preguntes cual porque tampoco lo sé. Pero probablemente estén en otro lugar y no acabamos de localizarlo.

O sea, ¿podríamos decir que los momentos interesantes del arte no se encuentran propiamente en el arte contemporánea sino en la cultura?

Sí, creo que la gente que está diciendo cosas interesantes e importantes a lo mejor no está precisamente en el contexto del arte. O quizás esta mezclada con otros contextos. Pero la producción artística en global, si haces este ejercicio absurdo de intentar generalizar, no es muy intensa, no la percibes con la intensidad con la que se ha percibido en otros momentos. 

Conversación con un crítico de arte, parte I: David G. Torres
"Esto no es una exposición, tampoco"

Independientemente de dónde se puedan encontrar, cuáles crees que son los “momentos interesantes de la producción artística actual”?

Yo, por ejemplo, vengo de hacer una exposición en Fabra i Coats,  una exposición de la que estoy muy contento, porque he trabajado con una generación de artistas muy jóvenes, más allá de Joan Morei y Antonio Ortega. Artistas como Gabriel Pericàs y Laia Estruch formaban parte de ella. E intentando responder a lo que preguntas, yo creo que si representan un momento de cierta intensidad en el arte y creo que las producciones que están haciendo son muy, muy interesantes, pero justamente por lo que a mí me interesan es por su baja artisticidad.

¿A qué te refieres cuando dices ‘poca artisticidad’?

Tienen un muy bajo peso como obra. Lo que hace Gabriel, que es uno de los artistas que más me interesa, en realidad da igual que sea presentado en un museo o que sea un texto en internet, da igual. Tiene poco peso como obra y eso es lo que me interesa. Como es un tipo de producción muy hibrida y al mismo tiempo muy estratégica, es decir que aprovecha los resortes del arte contemporáneo para presentar aquello que le interesa. Pero que si fuesen los resortes de la literatura, utilizaría los de la literatura. Simplemente utiliza una serie de resortes. Sí que es cierto que probablemente el territorio del arte contemporáneo sea un de los territorios culturales más abiertos, mas porosos y más predispuestos a coger cualquier manifestación que en el teatro, la literatura o las otras artes, sea más excluidas.

Si piensas en la exposición que tiene Julia Montilla en el Espai 13, que me parece fantástica, puedes ver que esta puede funcionar a muchos niveles que no son estrictamente los del arte. Probablemente esto sea lo más interesante de la situación del arte contemporáneo, su baja entidad formal y su capacidad de asumir hibridación. Independientemente del formato, lo que se desvela es la importancia de lo que se quiere decir o incluso, la importancia de querer decir algo. Yo creo que ahí, en esa baja categorización del arte, es donde se están produciendo los movimientos más interesantes. 

Conversación con un crítico de arte, parte II: David G. Torres

 


ArtDiscover
Verónica Escobar

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