Daniel Gasol y Luca Benites nos dan una dosis de realidad y explican lo que implica ser artista emergente.

Conversaciones de arte: Daniel Gasol y Luca Benites de Oficina 36
Barcelona - APR 25, 2013

Oficina36 es una asociación dedicada a la gestión y representación de artistas emergentes que viven en Barcelona. El método de trabajo y la visión de la asociación ofrecen a los artistas herramientas reales y útiles para tomar las riendas de su carrera artística. A través de exposiciones, venta y alquiler de trabajo, conferencias, seminarios y talleres, los artistas dan a conocer su trabajo y obtienen una visibilidad mayor. Oficina36 insta a los artistas a pensar en sí mismos como productores culturales, capaces de gestionar su producción artística con herramientas normalmente relacionadas con el marketing y la comunicación, sin depender totalmente de convocatorias públicas.

Oficina36 también pretende crear un puente entre las diferentes áreas del contexto cultural y artístico. Al cerrar esta brecha, la asociación tiene el objetivo de dar a los artistas la oportunidad de llegar al sector "profesional" (galerías, exposiciones y ferias de arte) con el fin de profesionalizar aún más su trabajo. Su objetivo es incrementar la respuesta institucional y el conocimiento de la producción artística, para establecer un verdadero diálogo entre las diferentes áreas y promover un acercamiento y beneficio mutuo.

ArtDiscover ha hablado con Daniel Gasol, director de Oficina36 y Luca Benites, quien es parte del equipo de Oficina36 así como arquitecto y artista. Sus respuestas directas y honestas críticas del sistema actual representan una muy necesaria dosis de realidad para los artistas y profesionales del sector del arte.



Ya que Oficina 36 trabaja con artistas jóvenes, supongo que los debates sobre el “arte emergente” os deben tocar de cerca. Es un concepto que vemos por todas partes pero que la mayoría de las personas no saben situar con precisión. Intentemos definirlo, empezando por las diferencias con el arte establecido. ¿Dónde trazas tú el límite entre lo profesional y lo emergente?

Daniel: Bueno yo hace unos días puse en Twitter que el arte como tal no existe, lo que existe son las instituciones que legitiman el arte. Partiendo de este concepto, el arte emergente es una invención de la política cultural. Antes se llamaba “arte joven”, el cual establecía que el límite de edad para ser artista eran los 33. Si tú pasabas de esa franja de edad y no habías "triunfado" dentro del ámbito artístico, ya no podías llegar a ser artista. Era el primer nivel que se debía superar antes de ser artista joven. Ahora el juego ha cambiado, lo han modificado. El primer nivel es ser artista emergente, lo cual implica lo mismo que ser artista joven, en ciertos sentidos. En teoría, se refiere a algo fresco, dinámico, desenfadado; algo que no tiene muchos prejuicios institucionales a la hora de hacer comentarios. El concepto de emergencia básicamente surge de esto. Pero claro, el concepto de emergencia también alude a un estado en el que tú, como productor cultural, también estas destinado a tener que hacer otro tipo de trabajos para poder sobrevivir. Por lo tanto tienes que tener mucha pasión por ello para poder continuar.

¿La diferencia entre profesionalidad y emergencia? No hay ninguna. Como artista emergente puedes ser muy profesional  y elaborado con la obra y el discurso, pero nosotros comprendemos la profesionalización como el hecho de poder vivir dentro del ámbito artístico. La relación sigue siendo la misma, hay un nivel uno y un nivel dos. Paso 1, paso 2. Básicamente la relación que existe es esta, le pongas la etiqueta que le pongas.

¿Crees el termino 'emergente' está siendo utilizado para atraer? Me viene a la mente el proyecto “Oral Memories” por ejemplo

Daniel: Ahora mismo este término es muy atractivo. Es tan atractivo que antes era popular y ahora se está volviendo populista, como pasa con muchísimas cosas. Cuando algo se vuelve populista desaparece. El concepto emergente va a acabar desapareciendo y saldrá otro término porque, si lo piensas bien, hoy en día todo es emergente. Ahora podemos decir que un diseñador con 50 años es emergente, aunque puede ser que lo sea, porque puede ser que haya empezado dentro del mundo del diseño con 50 años. Pero la relación que establecerá esta persona con su propia producción, una relación que no tiene nada que ver con la edad sino con la experiencia, no es igual. Me parece más interesante el sentido de la emergencia como algo que está naciendo, que es embrionario. En cuanto a Oral Memories, es política cultural, básicamente es eso. Es política y la política ya sabemos que es, es teatro.

¿Y tú Luca, estás de acuerdo con esto?

Luca: Sí, “Oral Memories”, es un tema de agenda. Estaba ahí y había que hacerlo. Más que una necesidad es una obligación de hacer algo y hablar del tema, ya que está muy de moda. Personalmente, no sé si el arte emergente desaparecerá como dice Daniel. Lo que sé es que está muy bien visto ser emergente, sobre todo por los galeristas. Tiene cierto glamour. Pero para los artistas que lo son no tiene nada de glamour.

Conversaciones de arte: Daniel Gasol y Luca Benites de Oficina 36
Daniel Gasol en un taller en The Private Space en Barcelona

Si no tiene glamour para el artista pero si para el galerista ¿eso implica arte sin dinero? ¿Arte precario, amateur e invisible?

Daniel: Mientras Luca hablaba, estaba estableciendo esta relación. El arte emergente es muy atractivo porque una persona, solo por la mediatización, daría su mano por poder exhibir en una galería de arte. Ellos, los artistas emergentes, trasladan las obras, los galeristas no pagan por nada. A un galerista o a un museo le sale muy rentable. Es muy rentable.

Luca: El artista se convierte en mano de obra barata. De ahí que no tenga glamour.

Daniel: Exactamente, ese es el termino y ese es el concepto. Mano de obra barata y eficaz. Sobre todo muy eficaz porque se lo están currando, porque ellos lo ven como una plataforma de visibilidad, cuando realmente es perverso.

¿Intentáis hacerles ver esto a vuestros artistas?

Daniel: Yo personalmente lo comento con ellos, pero les digo que las herramientas se tienen que usar pero siempre desde la barricada. O sea, siendo cuidadosos. No está mal participar en una convocatoria, pero hay que tener cuidado con las cosas. No se puede tirar todo en una sola carta. Por ejemplo, hay gente que cree que ganando un premio local ya va a llegar a exhibir en el Reina Sofía, cuando seguramente ese premio no se conoce ni en Madrid.

También me gustaría comentar la endogamia existente. Martí Manen utiliza una metáfora para explicar el localismo que dice que el mundo del arte es como una especie de instituto con un comportamiento social muy adolescente. Parece absurdo pero es cómo funciona el mundo, no solo el contexto cultural. Dentro de este contexto, Barcelona no es nada. No es nada, es un instituto. Tú te vas fuera habiendo ganado un premio local, enhorabuena pero no sabrán que es. No. Yo prefiero estar dentro de un sistema más real que no dentro de un contexto cerrado en sí mismo.

Por lo que dices, lo que un artista debe entender es que haciendo cosas fuera de su micro clima es como realmente se dan pasos para construir una carrera artística.

Luca: De aquí el problema de participar en convocatorias. La convocatoria crea inercia, da pereza mental y no deja que pienses en otras posibilidades. Algunos se estancan haciendo convocatorias una tras otra y al final se pierde el foco.

Daniel: También creo que influye el hecho de que Barcelona es principalmente una ciudad de producción dónde nunca se ha tenido en cuenta, o hasta hace muy poco no se tenía en cuenta, la idea de la difusión. Hay muchos centros de producción pero dentro de estos centros debería ser obligatorio y necesario tener un departamento de difusión. La producción se puede difundir a través de un workshop, de una conferencia, hasta de una exposición y no solo a nivel local. No sirve de nada hacer una conferencia en el centro cívico al lado del centro de producción, dentro del mismo barrio. Quizás un formato interesante sería enviar dos obras de dos artistas y publicitarlas, ya sean en una galería en Berlín o en un proyecto en Asia. 


¿Cuáles deberían ser las responsabilidades del centro de producción?

Daniel: Un centro de producción sirve para producir. Pero si la producción no tiene difusión, no sirve de nada. Es como la metáfora de que si un artista no exhibe no existe. ¿Entonces qué tipo de finalidad hay en la producción sin difusión? Si los artistas que están en el centro de producción tienen que estar buscando millones y millones de convocatorias y haciendo millones de dosieres, ¿qué sentido tiene?

Esto me lleva a la idea de las subvenciones públicas, algo que me molesta bastante, y el hecho de tirar la carta al 100% y depender de la subvención pública. El sistema tiene que estar basado en el 33%. La idea de ser “empresario”, entre muchísimas comillas, no la tenemos dentro del ámbito artístico y eso es algo que nos falla muchísimo. Debemos contar con el 33% de inversión sin depender exclusivamente de las subvenciones. Es por esto que centros como Can Xalant cierran. Dependían única y exclusivamente de subvenciones públicas y cuando les quitan eso -porque dentro del mundo político la cultura no sirve de nada- no tienen una rentabilidad económica directa. Algo que es culpa nuestra porque sí que la tiene y la podría tener, pero relacionamos el hecho de que tenga una rentabilidad económica directamente con que somos unos vendidos.

¿Crees que es un mal barcelonés? ¿Nacional? O, ¿Hablamos a nivel general?

Daniel: Es un mal catalán.

¿Quieres decir que esto en Madrid no pasa? ¿Existen otros mecanismos?

Daniel: No conozco mucho Madrid pero sé que hay muchos más centros que se auto- gestionan. Por ejemplo, escriben una revista y cobran 2 euros por ella. Que no es lo mismo que el coworking. Para mí el coworking es el concepto de ‘dame dinero para hacer’. No, se debería enfocar desde ‘yo te ofrezco el producto y tú me pagas’, aunque sea simbólico, pero ya hay una ayuda. Y en Madrid sí que hay centros que funcionan así y siguen aguantado y funcionando muy bien.

¿Crees que habría que cambiar el chip?

Daniel: Nosotros desde oficina 36, por ejemplo, vendemos proyectos. Vamos a un sitio y decimos: ‘¿quieres comprarme este proyecto?’ Normalmente nos responden: ‘búscate una subvención’ y tenemos que volver a pregunta si ellos quieren comprarnos el proyecto.  A nosotros nos da igual si ellos piden una subvención mientras nos den parte de ese dinero porque nosotros les estamos vendiendo ese producto directamente.

¿Sería interesante establecer más lazos entre un contexto y otro?

Daniel: Por supuesto que sería interesante. Lo que pasa es que no interesa a nivel político.

Luca: Ni local. Hay muchos celos dentro de Barcelona. Es muy cerrado e ir a Madrid sería muy complicado.

Daniel: Si ya hay individualismo aquí y las galerías no quieren colaborar con la galería de al lado en un proyecto conjunto, imagínate con una de Madrid. 

Conversaciones de arte: Daniel Gasol y Luca Benites de Oficina 36


¿Cuál es el papel de Oficina 36 en este contexto?

Daniel: Me escribieron un email el otro día que me hizo mucha gracia. Decía: "me ha dolido la bofetada pero me ha servido para aprender" y esto me resulto curioso. Oficina 36 es un cojín. En el Workshop que realizamos en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona realmente había gente súper indignada, incluso algunos se levantaron y se fueron. ¿Por qué? Porque les dabas una dosis de realidad. Me acuerdo que cuando hicimos el descanso, salí un momento fuera y les escuche hablando sobre lo que se había comentado dentro. Ahí me di cuenta de que fue una dosis de realidad que les sirvió.

Yo, a título personal, cuando salí de la universidad, me di, o me dieron tal bofetón que me sentí completamente perdido. No hay ninguna guía. Estas frente a un desierto y no sabes hacia dónde tienes que ir. Ni siquiera eres consciente de la figura que quieres llegar a ser. ¿Quiero ser artista? ¿Quiero ser productor? ¿Quiero ser crítico? ¿Qué quiero ser?

Supongo que Oficina 36 nace para poder dar esta oportunidad a otros, ¿no?

Daniel: Exactamente. A mí me gusta mucho trabajar con gente joven porque me parece muy interesante el hecho de que ellos vean la realidad de una forma completamente distorsionada. Es necesario decirles que esto no va así, que esto no funciona así. No van a acabar la universidad y van a tener 50 galeristas peleándose por ellos. La realidad es que a la universidad no va nadie a mirar obra. Aunque esto es algo que tendría que pasar y lo debería organizar la universidad. Por eso nosotros vamos a proponer una asignatura de política cultural donde coleccionistas, críticos, y otros artistas, van a ir a la universidad, van a visitar los talleres de la facultad de bellas artes, van a mirar que se está haciendo y van a hacer una reunión entre todos. Los estudiantes podrán preguntarles cómo ven su obra, si la comprarían. Eso es útil. Eso es muy útil.

¿Habéis encontrado que esto les interesa a los profesionales del sector? ¿Será fácil organizar estos encuentros?

Daniel: Por supuesto que sí, es muy fácil. Es muchísimo más fácil de lo que nos creemos. Por ejemplo, nosotros tenemos mucha relación con un coleccionista de arte y me acuerdo que una de las primeras veces que yo quede con él, se sorprendió de la producción que había en Barcelona. Me dijo, literalmente, "yo no sabía que esto se hacía aquí en Barcelona". Ahora tenemos un ex-artista nuestro con el cual este galerista está encantado y le impulsa a producir más. Los galeristas están interesadísimos. El problema es el desconocimiento mutuo de las esferas, no saben que es lo que está pasando. Te diría que la gran mayoría de veces están pasando cosas más interesantes en un centro cívico que en una galería de arte. Ahora ya se empiezan a ver galeristas en inauguraciones de centros cívicos buscando obras. La última inauguración que fui en la capilla, no voy a decir el nombre, pero había un galerista buscando y ahora uno de los artistas va a hacer una exposición con este galerista. 

Entonces, sí hay señales de un cambio de mentalidad pero la falta de comunicación sigue siendo dominante. ¿Por qué crees que pasa esto?

Daniel: Por como entienden el mundo.

Luca: Por falta de visión

Daniel: Sí, por como entienden el mundo y su falta de visión. Mira voy a poner un ejemplo muy sencillo. Tu estas en una plaza y quieres abrir una tienda de patatas. ¿Qué tienes que hacer para abrir una tienda de patatas? La respuesta común seria: comprar patatas, cajas para las patatas, una persiana, unos focos, una máquina registradora, etc. Error. Hoy en día, tienes que comprar las patatas pero también tienes que hacer que el contexto conozca las patatas y porque son necesarias para que la gente venga a comprar.

Básicamente, todo se basa en mecanismos y herramientas que no se usan. Si no funciona, la gente normalmente piensa en cambiar de producto, pero lo que hay que hacer es que funcione que compren patatas porque si no nadie vendrá a comprar, por mucho que cambies el producto. Esto es lo que pasa muchísimas veces en Barcelona. Se proponen hacer un workshop desde un centro pero nadie se apunta y entonces hacen otro workshop. Esa no es la respuesta. Tienes que hacer que ese workshop cree sinergias con coleccionistas, artistas, críticos, comisarios, directores de museos y galerías para que todos se den a conocer entre ellos.

Lo que propones es aplicar las herramientas del marketing y la comunicación al ámbito artístico, ¿no? Como un medio para dar a conocer y acercar las esferas entre sí.

Daniel: Por supuesto. El problema es que hay mucho sibarita y mucho purista dentro del ámbito artístico y el mundo cultural no ve que hacer esto es formar parte del mundo real y ni es algo malo ni significa venderse. Dentro del workshop insistíamos bastante sobre este punto. No te estas prostituyendo por hacer un proyecto para una feria de arte. La gran mayoría del público pensaba que era prostitución. Si tú haces un proyecto que a ti te interesa y que, por ejemplo, cuestiona los sistemas artísticos de una feria de arte, ¿por qué te estas prostituyendo? ¿Porque estas dentro del sistema artístico y de una feria de arte? Si tu opción es la de ser un pintor en la montaña pintando paisajes, me parece muy válido y muy legítimo. La cuestión es ser crítico con uno mismo y tener visión de las cosas. Dentro del mundo artístico tenemos que leer más libros sobre sociología, marketing y comunicación para poder usar esas herramientas, cogerlas a nuestro nivel, llevarlas a nuestro terreno y desarrollarlas.

Aquí podríamos aplicar la idea de que "ser antisistema también implica ser parte del sistema"

Daniel: Evidentemente. Hoy en día la idea de las instituciones artísticas es la misma, aunque sea algo grotesco, que la idea un punki pidiendo dinero en la calle. Para mí es exactamente lo mismo.  ¿Eres antisistema, no? Pues estás dependiendo del sistema. Sobre todo, hay que ser consecuente con los ideales y la ética de uno mismo. Esto me parece que dentro del mundo artístico no existe.

 

ArtDiscover
Verónica Escobar

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