La retrospectiva más grande dedicada a Cristina Iglesias muestra su idilio con la arquitectura y la naturaleza.

Cristina Iglesias: El todo por la parte
Madrid - MAY 10, 2013

Si hay una artista que no necesita presentaciones es Cristina Iglesias. La española lleva años es la cima del arte contemporáneo actual, de ahí que el Museo Reina Sofía le rinda homenaje con su mayor retrospectiva hasta el momento. La muestra se llama Metonimia, el fenómeno de camio semántico, que estudiamos de niños en la escuela, denominado transnominación.  Con este bello símil entre arte y literatura descubrimos a una artista que ya ha dejado huella.

Cristina Iglesias: El todo por la parte

Nacida en San Sebastián y formada en las cosmopolitas Barcelona y Londres, pasó a ser uno de los nombres claves del arte internacional tras la gran exposición que el Guggenheim Museum le dedicó en su sede de Nueva York en 1997. Para lograr comprender mejor el universo de esta autora no podemos obviar que estudió Ciencias Químicas en San Sebastián, lo que sin duda ha ayudado a la artista a domar a su antojo los más complejos materiales convirtiendo la más anodina fibra de poliéster en colosales bosques de eucaliptos.

 

Cristina Iglesias: El todo por la parte

El lenguaje de Iglesias se estructura en un dúo entre arquitectura y naturaleza ejecutado con maestría. El Museo Reina Sofía en por ello un marco inigualable para exponer las más de cincuenta obras de la artista, pues el espacio termina fundido con cada una de las piezas en un conjunto mágico. Estas esculturas buscan escenificar toda la trayectoria de Iglesias, de ahí que en ello resida la “metonimia”; son la “parte” que busca representar un “todo”. Un título que parece poder aplicarse también a cada una de las obras, puesto que bien en simbiosis con la arquitectura o con la naturaleza, parecen ser una parte de un universo más extenso que el visitante solo puede imaginar.

Cristina Iglesias: El todo por la parte

La muestra se presenta en el Edificio Sabatini con una de las obras más impactantes, Techo suspendido inclinado, de 1997. El visitante penetra en una sala donde la luz cenital queda tamizada por una techumbre verdosa. Iglesias consigue transformar la frialdad de la piedra en la calidez orgánica que proporciona la naturaleza. No solo lo logra en esta pieza, sino también en su Habitación vegetal II, 2005 y en la Habitación de eucalipto, 1994-1997. El Reina Sofía ha querido ir más allá y en su patio central ha instalado varias piezas de la serie Vers la terre (Hacia la tierra) de 2001. Cubículos donde el agua circula sorteando breves pendientes y suaves meandros recreando el sonido natural de cualquier riachuelo de alta montaña, lo que en un día de lluvia puede hacer las delicias de cualquier urbanita melancólico que anhele la naturaleza.

Dejamos la naturaleza y nos internamos en la otra gran “niña mimada” de Iglesias, la arquitectura. También encontramos piezas a todas luces sobresalientes, desde estáticas celosías de ladrillo que esconden una original caligrafía, a la serie Corredor suspendido I, II y III de 2006 donde numerosos materiales se combinan para delatar la pericia de la autora: bronce, hierro, cemento, hormigón... Una vez más, el visitante puede adentrarse en la pieza y no solo contemplarla desde fuera, sino ser partícipe de la excelencia de cada una de las obras desde el interior, algo que sin duda convierte a esta creadora en especial.

 

Cristina Iglesias: El todo por la parte

La luz es también esencial en la muestra, dado que encontramos numerosas piezas elaboradas con cristal, alabastro o aluminio, que precisan de luminosidad que envuelva a la pieza. De nuevo el cobijo del Reina Sofía es clave para lograr que la luz natural atraviese las obras con la intensidad ideal.

Combinando a la perfección los materiales industriales con una creatividad a prueba de crisis, Cristina Iglesias demuestra que es y será un gran nombre para nuestro arte contemporáneo. Ningún amante de los pequeños placeres puede perderse esta muestra ni dejar de acercarse al “universo Iglesias”, pues una vez dentro de cualquiera de sus esculturas un embrujo especial le impedirá para siempre salir.


ArtDiscover

Isabel Álvarez Barrio

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