El Antiguo Colegio de San Ildenfonso en México presento el hiperrealismo de alto impacto de Ron Mueck antes de viajar a París.

Exposiciones que vale la pena recordar: Ron Mueck
Mexico City - JUN 03, 2013
Pasar media hora en una cola que da vueltas alrededor de la manzana anuncia una exposición espectacular. Toda la publicidad generada al rededor del artista Ron Mueck en los últimos años se hace más presente en México al exponer su obra hiperrealista en Antiguo Colegio de San Ildefonso.
Exposiciones que vale la pena recordar: Ron Mueck
©Ron Mueck

Resulta curioso pasar al lado de la plaza mayor con inscripciones de Hernán Cortez y otros conquistadores sobre la grandiosidad de Tenochtitlán para entrar a la exposición del Australiano Ron Mueck. De entrada, su obra Mask II, una cabeza colosal, tiene un cierto paralelismo con las cabezas olmecas. Antes el ritual y homenaje ahora la plasticidad mimética. La técnica impecable del artista reconstruye el cuerpo humano de manera aún más fiel que la realidad misma. La superficie gana colores más vivos, texturas más detalladas (sobretodo en la era de la imagen digital que aplana cualquier porosidad) creando un cuerpo más bello que el vivo.

Las obras son de un realismo impresionante, pero ¿qué pasa con el Museo de Cera de la ciudad?Si lo que vemos es la demonstración de la habilidad de un ex técnico de efectos especiales de plasmar con exactitud la realidad, ¿dónde se quedaron las aspiraciones artísticas tan reclamadas en otras épocas? Estamos en una era donde la forma es lo más interesante, y el modo mas claro de percibir esto está en lo cotidiano, donde todo está diseñado y planteado para un embellecimiento constante. Como diría Yves Michaud, “parece que el bello se hizo gaseoso y invadió todos los espacios”. En el mundo del arte, el concepto ya implícito no basta para vender una imagen de la obra, hay que proponer algo espectacular y sobretodo, bello. 

Exposiciones que vale la pena recordar: Ron Mueck
©Ron Mueck, young couple

Las esculturas en látex, silicona y otros materiales no especificados, ganan vida a partir de la postproducción de las mismas, donde, una vez pintadas, se vuelven un espejo de lo cotidiano. Sin embargo, miran abrumadas a un público que no se detiene y gasta de media 10 minutos para ver una decena de piezas que juegan con las dimensiones - En la cama (2005) con aproximadamente 7x4m hasta Pareja acurrucada (2007) con cerca de 80 centímetros-  y con la disposición espacial. “No se detengan en el recorrido” era la frase más repetida dentro, una vez que en cada sala las esculturas parecían más pequeñas delante de un público tan grande. La gran asistencia en parte se explica por la facilidad de comprensión de las piezas, pero también por el marketing dedicado a la exposición. El museo se convirtió en un inmenso espectáculo, atrayendo una masa incompatible con el espacio y la contemplación. No era posible detenerse a mirar una pieza mas detalladamente, la velocidad impuesta por el mismo personal del museo permitía solo una breve mirada. 

Exposiciones que vale la pena recordar: Ron Mueck
Ron Mueck trabajando en woman with shopping bags

De esta forma, la exposición cae como un guante para el Museo, antes un colegio decorado con magníficos murales de Orozco, Rivera y Siqueiros, buscando un significado en las artes que promoviera la revolución del hombre.  Ahora, es un simple negocio de estatuas casi vivientes. Como si estuviéramos en la calle observando a decenas de personas que disfrazadas ganan la vida inmóviles  llamando la atención del transeúnte ordinario que por allí pasa ocasionalmente. El público se acerca más a este tipo de obra, que conlleva a una identificación  inmediata, sea con elementos que perciba instantáneamente, sea por alguna similitud con su ambiente habitual. De este modo el arte renueva su importancia, pero volviéndose cada vez más mediática. Así el arte puede salir de los museos y ganar otros espacios y otras acepciones sin tener que contar con el conceptualismo ya en decaída. Esta vuelta hacia lo real vaticinado por Hall Foster comparando el hiperrealismo hecho en los 80 con el apropiacionismo conceptual de los 90, se muestra cada vez más espectacular y perfecto como forma de invitar el publico hacia los museos. Eso recae, sin embargo, en una pérdida de significados en relación al arte más conceptual. A lo mejor es solo un síntoma de la falta de tiempo dedicado al arte y a sus posibles interpretaciones. La exposición de Mueck entonces surge como un contraste en la megalópolis: la falta de tiempo de sus habitantes puede ser optimizada por la visita a una exposición de arte rápida

Exposiciones que vale la pena recordar: Ron Mueck
©Ron Mueck, Drift

Con el exceso tan presente en la ciudad, ¿cómo crear algo nuevo y, al mismo tiempo, interesante? Así el museo se transforma en un espacio de ocio, más allá de la preocupación artística o cognitiva. La cultura se vuelve un negocio en la era de la economía creativa, donde cada expresión basada en la creatividad y en derechos de autor debe realizar su propio modo de subsistencia en un mundo marcado por el capital. Corremos el riesgo que los museos se vuelvan espacios de entretenimiento como los parques de diversiones, en donde millares de personas acuden en búsqueda de una sensación efímera que disipa al salir del recinto.

El artista contemporáneo, sin embargo, también entra en el juego, y ya no dispone de todo el tiempo de producción de las piezas, volviéndose cada vez más productor cultural. Con la constante aceleración de la vida cotidiana y su desplazamiento constante, ¿quién va producir la obra?, y sobretodo, ¿quién va poder experimentarla?

ArtDiscover
Wayner Tristão

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